

Seis piezas de microteatro intercaladas en la visita al Museo Etnográfico de Artziniega, recreando oficios tradicionales de la Artziniega de los años 50 del siglo XX.
En un precioso viaje en el tiempo conoceremos el taller de confección de la modistilla Maribi, la alpargatería de Toñín, la taberna-ultramarinos regentada por Mertxe, y también a Jesús, el pastor, y a Jose Luis, el casero, que nos mostrarán cómo se trabajaba y cómo se vivía en unos tiempos tan diferentes a los actuales.
Tras visitar una alpargatería, conocer el oficio de pastor, el de casero, y el de costurera, y adentrarnos en una taberna que hacía las veces de tienda de ultramarinos, los siguientes oficios que los visitantes vivirán en primera persona serán el de acarreo y el de barbero. Primeramente Goyo y Encarni se dispondrán a ordenar todo lo que un pariente les legó, conociendo de primera mano la dura labor de acarreo, y posteriormente los visitantes se adentrarán en una barbería donde el bueno de Mateo afeitará al vecino Juan, mientras hablan de vecinos de Artziniega, charlando también con Bego, que nos hará descubrir que Mateo, los domingos, también se dedica a sacar muelas...
A estos oficios se suman ahora dos nuevos escenarios: la fragua y la botica, que nos permitirán seguir viajando a la Artziniega de mediados del siglo XX. En la fragua, conoceremos a Benjamín, el herrador, que recibirá la visita de Vicenta e Isidro, dos vendedores ambulantes. A través de su encuentro descubriremos los secretos de un oficio imprescindible en aquella época: cómo se aprende el trabajo de herrero y el de herrador, cómo se calentaba y moldeaba el hierro y cómo se herraban los animales. Una visita en la que el fuego, el yunque y las herramientas tradicionales nos acercarán a la dureza de un trabajo fundamental para la vida en el mundo rural. En la botica, nos recibirá don Antonio, el boticario, en su establecimiento, rodeado de frascos, remedios y preparados medicinales. Allí conoceremos también a Ignacio, que acude para recibir una inyección, y a Nati, cuya llegada en el momento más inoportuno dará lugar a una divertida situación. Entre remedios, consultas y algún que otro sobresalto, descubriremos cómo era la atención sanitaria de aquellos años y el importante papel que desempeñaban las boticas en la vida cotidiana de los vecinos. La fragua y la botica amplían así este recorrido teatralizado por los oficios tradicionales de Artziniega, acercándonos a sus personajes, sus costumbres y sus historias a través del humor, el teatro y la recreación de la vida cotidiana de los años 50.
Y esto no acaba aquí… ¿Qué otros oficios, personajes e historias de la Artziniega de los años 50 nos estarán esperando en nuestro próximo viaje en el tiempo? ¿Qué puertas del pasado nos quedarán todavía por abrir? ¡Estad atentos, porque la historia continúa y aún quedan muchos secretos por descubrir!